Reparación | ¿Fósil, GLP o eléctrico? Qué modalidad requiere mayor mantenimiento

Los sistemas electrónicos abaratan costes frente a las piezas móviles.

Desde 2010 los usuarios no están obligados a que los mantenimientos se realicen en talleres de la marca
El mantenimiento posterior es importante a la hora de elegir un vehículo

Comprar un vehículo no es únicamente desembolsar dinero y empezar a conducir. Asumir un gasto como este implica además pensar en el mantenimiento futuro, las revisiones y las posibles sustituciones de piezas. En el parque móvil actual no solo entra en juego el modelo o la marca, lo más importante es la tipología.

Diésel o gasolina, GLP, híbrido o eléctrico. Estas son las realidades a las que se enfrentan usuarios y talleres en las carreteras hoy en día. Elegir una variedad en favor de otra implica ahorrar o asumir unos gastos derivados de su mantenimiento.

En el caso de los motores de combustión, existen muchas piezas que son susceptibles de fallar con el paso del tiempo y que, como mínimo, requieren un mantenimiento o sustitución anualmente. Es el caso de los filtros de aceite o aire, baterías, discos y líquido de frenos, etc. Además, hay componentes cuya reparación implica altos desembolsos y horas de reparación, como las bujías o el embrague.

Se trata de piezas que, en el caso de motores eléctricos o vehículos híbridos no existen y por lo tanto no suponen una preocupación. Se trata de automóviles con menor número de piezas móviles. Además, el motor eléctrico ayuda en gran parte de las funciones como la alimentación de la batería o el sistema de frenado, por lo que estos componentes se desgastan menos y duran más.

Los gastos mayores en estos vehículos vendrá derivado de los fallos, actualizaciones e incorporaciones de sus sistemas electrónicos y de ayuda a la conducción (ADAS). Este, será un ámbito en el que también deberán invertir los talleres para afrontar las nuevas realidades del parque móvil.

En cuanto a los vehículos con Autogás, ofrecen una mayor autonomía al contar con un depósito de combustible fósil y otro de GLP, aunque si se opta por adaptarlo en un taller se sacrificará una parte, posiblemente del maletero, del vehículo. Además, habrá que prestar constante atención a las válvulas para evitar fugas y resecado.

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