"Uno de sus momentos más delicados en España". Así define el experto y consultor Francisco Javier de Ulacia la relación entre talleres y compañías de seguros. "No hay comunicados oficiales ni huelgas visibles, pero sí una guerra silenciosa, diaria y constante, que se libra en cada siniestro, en cada baremo, en cada orden de reparación", afirma el veterano comunicador en un artículo publicado en su cuenta de LinkedIn y titulado "Talleres y aseguradoras: una guerra silenciosa que paga el cliente", al que, precisamente, considera "quien menos poder tiene y quien acaba pagando la factura como ocurre casi siempre".
A su juicio, durante años, "las aseguradoras han ido concentrando el control del proceso: fijan precios, tiempos, condiciones, proveedores y, en la práctica, el lugar donde se repara el vehículo". "El argumento es conocido: contener costes, ganar eficiencia, ofrecer un servicio rápido... Sobre el papel suena razonable, pero en la realidad, no lo es tanto", lamenta en el texto.
"El taller -especialmente el independiente- se ha convertido en el eslabón más débil de la cadena, obligado a asumir riesgos técnicos, legales y reputacionales con márgenes cada vez más estrechos", sentencia antes de enumerar desde "tarifas hora congeladas desde hace más de una década" hasta "tiempos de reparación irreales", pasando por "presión para usar recambios alternativos y penalizaciones encubiertas si no se acepta el “modelo”. "No es una negociación entre iguales: es una imposición", describe molesto.
En su opinión, el "concesionario con unidad productiva de carrocería" también tiene mucho que decir. Pues "debe también a su vez recuperar la posición de precio de hora frente a las aseguradoras, el cliente paga alrededor del doble de precio cuando va a realizar un mantenimiento y los costes directos e indirectos son semejantes en mecánica y carrocería". De Ulacia se pregunta "¿Por qué se mantiene esta norma? Si el prescriptor del vehículo es el concesionario que lo comercializa", matiza en el texto.
Sin margen para invertir en formación, tecnología y calidad
"A corto plazo, las aseguradoras ganan", reitera una vez más. "Reducen el coste medio por siniestro y mantienen sus ratios bajo control, pero esta victoria es pan para hoy y hambre para mañana, porque un taller asfixiado no puede invertir en formación, en tecnología ni en calidad". Y es que "cuando la calidad cae, el sistema entero empieza a resentirse, atendiendo sobre todo a cómo acometer las reparaciones en función de la seguridad activa y pasiva que protege a los ocupantes del vehículo".
El cliente, mientras tanto, vive en una "falsa sensación de seguridad". "Cree que gana, porque no paga directamente la reparación, porque el coche vuelve 'arreglado' y porque el proceso parece sencillo, pero empieza a perder sin darse cuenta: pierde capacidad real de elección, pierde transparencia sobre qué se repara", argumenta en su columna de opinión. Amén de que "cuando surge un problema, nadie asume la responsabilidad: el taller culpa a la aseguradora, la aseguradora al taller".
Este escenario, para De Ulacia, provoca "una consecuencia peligrosa". "Sobreviven los grandes grupos, las redes muy estructuradas y quienes pueden compensar margen con cantidad, ¿es ese el futuro que queremos para la posventa del automóvil?", se cuestiona poniendo sobre el tapete una pregunta que tiene solución: "Pasa por algo tan simple -y tan difícil- como reordenar el poder: tarifas realistas, tiempos ajustados a la realidad técnica, transparencia con el cliente y respeto al criterio profesional del taller". Entonces, "cuando eso suceda, ya no habrá ganadores", finaliza.