Chapa y pintura | Combatir el óxido en los vehículos

Las zonas del vehículo oxidadas son un reto para los profesionales que buscan evitar la corrosión.

El óxido y la corrosión son dos de los aspectos a tener en cuenta por los inspectores técnicos
De no tratarse, el óxido puede convertirse en corrosión

La restauración de vehículos antiguos es un reto al que algunos talleres deciden dedicarle horas de trabajo. Cada vez son más los usuarios que deciden poner sus viejas reliquias en manos de mecánicos profesionales para que les devuelvan su antigua gloria.

Uno de los grandes problemas a los que estos profesionales se enfrentan es el óxido. Una ‘enfermedad’ que corroe las entrañas del vehículo y hace que su recuperación sea cada vez más complicada. A la hora de encarar este problema, el profesional debe diagnosticar qué partes del automóvil se han visto afectadas. La carrocería es la zona más visible y en la que más óxido se puede acumular, aunque nunca se deben pasar por alto espacios como el motor o los bajos del coche. Este último punto suele ser más grave en coches acostumbrados a estar en zonas frías, debido a la sal que se esparce por el asfalto.

Mangueras, juntas o batería son otras zonas que, desde Mapfre, recomiendan mantener vigiladas para evitar el óxido y la posterior corrosión.

Para eliminar el problema, el profesional pulirá con un cepillo de alambre la superficie y tras dejarla lisa, le aplicará una imprimación de adherencia y una masilla para eliminar las imperfecciones. Se trata de un proceso relativamente sencillo que se realiza cuando el óxido no ha afectado en gran medida al vehículo. Si esto ocurre, existen dos soluciones, según Mapfre, sustituir la pieza (si es posible) o recortar y soldar la zona dañada.

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