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Los seis factores ambientales que más dañan la pintura del vehículo

Crom Campus de Roberlo ofrece consejos sobre los factores que pueden alterar la carrocería del coche, obligando a pasar por el taller.

Redacción Infotaller

30 de mayo 2024 - 16:09

Para frotar la superficie se deben usar cepillos de cerdas blandas o paños de textura suave
Para frotar la superficie se deben usar cepillos de cerdas blandas o paños de textura suave / Redacción Infotaller

La pintura que reviste la carrocería es uno de los elementos más sensibles y valorados por los conductores, ya que se ve amenazada a diario por una serie de factores ambientales que comprometen su integridad y el valor del vehículo.

En el blog Crom Campus de Roberlo, en su sección enfocada en temas relacionados con la aplicación de productos y procesos de trabajo en el ámbito de la pintura, se ha desarrollado una guía sobre las condiciones ambientales que más pueden dañar la pintura del coche y, por ende, obligar a pasar por el taller.

Factores ambientales

La exposición continuada acondiciones ambientales extremas agreden químicamente a la película de pintura generando daños. Los factores ambientales dañinos para la pintura del coche pueden ser muy diversos.

Radiación solar

Exponer de manera prolongada la pintura a la radiación solar ocasiona un deterioro gradual que resulta en una pérdida de su brillo característico. Cuando el vehículo está recubierto con pinturas monocapa o aplicadas con aerosol monocomponente, este proceso de deterioro es más pronunciado en comparación con los acabados bicapa, señalan desde Roberlo.

Los acabados monocapa tienden a perder su brillo con el tiempo, eventualmente volviéndose completamente opacos, mientras que los acabados bicapa experimentan un deterioro menos notable, que suele manifestarse en un amarilleamiento con el paso del tiempo, dependiendo principalmente de la calidad del barniz utilizado.

Los expertos recomiendan optar siempre por acabados bicapa de calidad y utilizar barnices UHS, así como aplicar productos adicionales de protección como ceras y recubrimientos cerámicos. Entre las ceras, las sintéticas ofrecen una protección más duradera en el tiempo, generalmente entre 6 y 8 meses.

Además, los policarbonatos, materiales comúnmente utilizados en los faros delanteros o en las ventanas laterales, están expuestos a la radiación solar. Aunque estos plásticos suelen venir recubiertos de fábrica con una capa transparente protectora, esta capa puede desaparecer con el tiempo o después de un lijado y pulido agresivo, dejando el policarbonato expuesto y propenso a amarillear, perder transparencia y volverse más frágil. Por lo tanto, es importante proteger el vehículo de la exposición directa al sol tanto como sea posible y aplicar barniz a cualquier policarbonato que haya sido restaurado mediante un proceso de lijado agresivo.

Humedad

La presencia de humedad representa otro desafío importante para las carrocerías de acero, ya que las moléculas de este metal reaccionan con el oxígeno, generando óxido de hierro, un compuesto químico que deteriora gradualmente la superficie del metal.

La mejor manera de proteger el vehículo contra los efectos perjudiciales de la humedad es reparar o sellar cualquier rasguño o daño en la superficie de la pintura. Además, es fundamental llevar a cabo cualquier reparación en talleres de confianza que garanticen un trabajo de calidad y el uso de productos adecuados de protección.

Por otro lado, el rocío nocturno también puede tener un efecto dañino en las superficies planas y elevadas del vehículo, así como en elementos fabricados con policarbonato. El rocío se forma cuando la temperatura ambiente desciende bruscamente, causando que el agua en el aire se condense. Estos depósitos de agua pueden provocar cambios de temperatura más agresivos en la superficie.

Incrustaciones

Los tipos de incrustaciones más comunes son las generadas por los excrementos de pájaro, por los restos de insectos y por la resina de los árboles.

En el caso de los excrementos de pájaro, se trata de un residuo fecal que contiene ácido úrico que ataca químicamente a la pintura provocando marcas sobre su superficie que son fácilmente perceptibles a la vista. Si los excrementos se dejan secar, su eliminación resulta más costosa y existe el riesgo de rayar la pintura por tener que frotar la zona. Para ello, desde el blog de Crom Campus recomiendan eliminar estos excrementos con agua y champú de pH neutro antes de que se sequen.

Con respecto a los restos de insectos incrustados, pueden darse dos situaciones. La primera es que el insecto no haya generado ningún daño sobre la pintura. La segunda situación es que, tras el impacto del insecto, la pintura se desconche y deje entrever las capas de pintura inferiores, incrementando el riesgo de oxidación. De darse esa situación, la solución más adecuada sería la de sellar o reparar la zona para evitar la entrada de humedad.

Por último, la resina de árboles también puede resultar dañina para la pintura, sobre todo cuando se seca y queda fuertemente pegada sobre la misma. Por ello, cuando esto ocurra, se debe eliminar de forma inmediata cualquier resto que se detecte mientras la resina se encuentra viscosa. Si no desaparece, la opción que queda es hacerlo con desengrasantes acrílicos o alcoholes. Durante el proceso de eliminación es importante no frotar la superficie en exceso para evitar que se raye.

Usar elementos suaves

En los casos en los que la resina está seca, inevitablemente el proceso va a resultar más agresivo, ya que es necesario arrancar dicha resina y frotar con mayor insistencia para eliminar los restos que queden. Por culpa de esto, tal vez sea más que probable que haya que pulir y abrillantar la zona.

Siempre que sea necesario frotar la superficie se deben usar cepillos de cerdas blandas o paños de textura suave que no rayen la pintura, tales como microfibras. En ningún caso se debe emplear papel o trapos no indicados para la limpieza de vehículos. Además, para aquellas incrustaciones difíciles de eliminar, se puede utilizar un limpiador más agresivo de naturaleza alcalina con capacidad dispersante de materia orgánica e inorgánica.

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