La evidente transformación del sector también se está trasladando al coste real de una flota. Y en ese precio, cada vez es un lastre más pesado la inmovilización del vehículo, incluso más que la propia reparación del vehículo. Porque no basta con controlar el coste del vehículo: también hay que reducir al máximo el tiempo que permanece fuera de servicio. Esta es una de las principales conclusiones del Estudio exploratorio sobre la gestión de flotas en España 2026, elaborado por Mobius Saretec Group, a partir de una encuesta a gestores de flotas de empresas privadas, administraciones públicas y operadores de movilidad.
Y es que cada día de parada por una avería, un siniestro o una reparación añade costes que no siempre aparecen en la factura del taller. Desde pérdida de productividad hasta vehículos de sustitución pasando por mayor carga administrativa, retrasos en la operativa y menor calidad de servicio. Este surtido de obstáculos hace que la disponibilidad del vehículo se haya convertido en un indicador clave para los gestores de flotas.
No en vano, el coste de esa inmovilización puede oscilar entre 150 y más de 800 euros por vehículo y día, en función del tipo de flota y del uso que se haga del vehículo, según los participantes en el Estudio exploratorio sobre la gestión de flotas en España 2026. El dato ayuda a explicar por qué la gestión de flotas se está alejando de un enfoque centrado casi en exclusiva en el coste del vehículo y se orienta cada vez más a mantenerlo operativo el mayor tiempo posible. En ese objetivo, la coordinación entre conductores, talleres, peritos, proveedores de recambios, aseguradoras y gestores se vuelve decisiva.
En paralelo, el estudio de Mobius dedica un apartado a las llamadas “verdades incómodas” de la gestión de flotas. En él, los gestores retratan un sector bajo presión: mantener los vehículos disponibles es cada vez más complejo, la coordinación con la cadena de posventa consume más tiempo y el acceso a información fiable en tiempo real sigue siendo una asignatura pendiente. A menudo, el problema no es la tecnología en sí, sino la complejidad de la operación diaria.
Ciberseguridad y protección de datos, un desafío para más de la mitad de los gestores
Asimismo, también se señalan retos importantes en la digitalización del sector. Aunque las organizaciones cuentan con cada vez más herramientas, la principal barrera sigue siendo la falta de integración entre sistemas y proveedores, por delante de la falta de presupuesto o de tiempo. Además, el 53% de los gestores consultados considera que la ciberseguridad y la protección de los datos ya son un desafío relevante para avanzar en la gestión digital de las flotas.
Mientras, en materia de sostenibilidad, el estudio confirma que la electrificación continúa avanzando, aunque de forma desigual: las administraciones públicas muestran niveles de implantación más elevados, mientras que las empresas privadas condicionan la renovación de sus flotas a la infraestructura de recarga, el coste total de propiedad y el impacto sobre la operativa diaria.
Fernando Pérez Granero, CEO de Mobius, destaca que “durante años se ha hablado de controlar el coste del vehículo, hoy el desafío es controlar el coste de que el vehículo no esté disponible". "La competitividad de una flota se juega en la capacidad para reducir tiempos, integrar a todos los actores de la posventa y convertir los datos en decisiones rápidas y eficaces”, enumera.
En la misma línea, Gilles Redard, COO de Mobius, matiza que "la eficiencia de una flota no se decide cuando el vehículo circula, sino cuando entra en la cadena de posventa”.
Analizado el contexto actual, el informe determina que el futuro de la gestión de flotas no dependerá sólo de incorporar nuevas tecnologías, sino de reducir los tiempos de inmovilización, mejorar la coordinación entre los actores de la posventa y disponer de información fiable para tomar decisiones con rapidez.