La estoica odisea de cada año. En toda España, conseguir una cita para el taller en verano está más codiciado que el maná en pleno desierto. Sin embargo, al otro lado del Mediterráneo -pero sin salir del territorio nacional-, este agosto ha sido muy diferente. Todo cambió aquel 30 de julio de incesante marea humana desembarcando en la playa de Ceuta procedente de Marruecos. "Desde ese fatídico día, prácticamente, damos cita de un día para otro, como mucho, tres días de espera", afirma Antonio, jefe del taller de Midas Ceuta, que tuvo incluso que cerrar sus puertas, atemorizados, el día del asalto a la ciudad provincia española por parte de 80.000 inmigrantes procedentes del país vecino. En otros talleres, el problema fue mucho más grave.
"Agosto entero ha sido una ruina, hemos perdido miles de euros, un mes entero de trabajo, porque los clientes no han parado de llamarnos y cancelar las citas que habían cogido, tienen miedo, no se atreven a venir, ni a salir a la calle, ni tampoco a dejar sus vehículos fuera de sus garajes, el perjuicio ha sido enorme, días enteros sin atender un sólo coche, ha sido un caos", sentencia Sora, gerente de Talleres Ecoauto, negocio dedicado a la mecánica general en Ceuta.
"Sólo vienen aquellos que tienen averías urgentes, como pérdida de refrigerante o de aceite, lo que no puede esperar, pero, por ejemplo, hemos perdido todos los mantenimientos habituales del verano, porque hay mucha incertidumbre todavía y la gente va tirando hasta que no le queda más remedio que venir al taller", prosigue Sora con su relato, reconociendo con cierta esperanza que "septiembre parece que está siendo un poco mejor".
Necesitan esa mejoría. Porque, aunque la demanda haya caído por los suelos, las facturas y los contratos "hay que seguir pagándolos". "Va a costar un poco recuperar esa normalidad, porque a la gente de la ciudad incluso se la ve desganada, abatida, resignada con lo que está sucediendo, pero no queda más remedio, aquí somos cuatro personas trabajando y tenemos que conseguir salvar estos meses para que todos podamos seguir cobrando con normalidad", argumenta la propietaria de Talleres Ecoauto.
Un discurso similar articula Fátima, la gerente del citado Midas en Ceuta. "Tenemos la ilusión de que se solucione lo antes posible, los que vienen, no tienen miedo, pero el problema es que muy pocos se atreven a hacerlo, al principio de agosto, hubo alguna semana que contamos con las dos manos el número de trabajos realizados... No llegamos a diez en más de una, semanas completas perdidas", sentencia añadiendo que, además, en el caso de los talleres, como en otros comercios de la ciudad, "no ha habido suficiente visibilidad de la dimensión del problema".

Los inmigrantes llegaron a cortar el tráfico de la ciudad durante varias horas en busca de agua y comida.
"Todos los focos y los reportajes de la televisión han sido para los supermercados y las tiendas de alimentación, hasta incluso, en algunos casos, les ha venido bien, porque se han disparado las compras al llegar toda esta muchedumbre, pero de los talleres, albañiles, electricistas... Se ha acordado menos gente y hemos tenido tantos o más problemas, como es habitual en Midas, además del taller, tenemos una tienda, pues las ventas han caído sensiblemente y, también, hemos llegado a tener problemas en el suministro, algunos estantes han llegado a estar vacíos", lamenta.
En su caso, no ve la solución tan cercana: "Estamos desesperados, el verano ha sido para olvidar, la gente atendía otras prioridades antes que sus coches, ahora en septiembre, con la vuelta al cole, a la rutina del trabajo... Tampoco pienso que se vayan a llenar los talleres de coches para reparar", augura añadiendo que sí recibieron peticiones de lo más curioso en plena llegada de los inmigrantes. "Algunos vecinos, que no eran ni clientes del taller, venían y prácticamente nos suplicaban que les dejáramos meter sus vehículos dentro del taller para protegerlos, hubo cierto pánico", relata.
"Los inmigrantes vienen al taller y preguntan si les podemos dar trabajo"
Sin embargo, esas plegarias de los vecinos no fueron las únicas peticiones que llegaron esos frenéticos días a las puertas de los talleres ceutíes. De hecho, sigue sucediendo. "Los inmigrantes vienen, tocan a la puerta del taller y nos dicen que son mecánicos, algunos hasta nos enseñan algún tipo de titulación de su país, y nos piden que les demos trabajo, pero es imposible, claro, cómo vas a contratar a alguien en su situación irregular", concluye Fátima.
Y es que, pocos negocios han sido más testigo directo de la gravedad de todo lo sucedido que en el Midas de Ceuta. Ubicado en la misma carretera que acaba en esa playa que abrió telediarios medio verano tras recibir a 80.000 ilegales, el uno detrás del otro, tuvo incluso que cerrar las puertas aquel 30 de julio. Su jefe de taller, Antonio, que aquel día D, tuvo que salir a toda prisa, tras bajar la persiana, en busca de su padre, camino del hospital al que acudió, tras dejarle en el taller.

El mecánico realizó estas imágenes desde su vehículo, tras verse obligados a cerrar el taller en plena jornada de trabajo.
"Como yo me fui del taller a la carrera, iba vestido con el mono y, claro, me preguntaban que si tenía un taller, que si podían venirse conmigo a trabajar, me suplicaban que les contratara... Viví unas horas bastante tensas e incómodas", recuerda.
Pero el rosario de esa horda de inmigrantes, perenne reguero humano, también llamó a la puerta los días posteriores. "Entraban al taller, nos pedían comida, agua, que les llenáramos las botellas vacías, hacer una llamada a algún familiar que tienen en España o a incluso a Marruecos para avisar de que estaban vivos después de llegar a nado, también querían cambiar dinero para poder comprar en las tiendas de la ciudad... Fue dantesco", rememora afirmando con rotundidad que, "desde aquel desembarco de unos 10.000 inmigrantes hace unos años", no ha vivido algo ni siquiera "semejante".
El angosto filo entre la moral y la ley
Idéntico panorama se encontró Yussuf, propietario de Talleres Chairi, que lleva alrededor de una década abierto en la ciudad española en África. "En agosto y lo que va de septiembre, ya habrán venido por lo menos 40 inmigrantes en persona pidiendo una oportunidad, que les dejemos trabajar con nosotros... Es una situación que da mucha pena, porque también sientes que no les puedes ayudar", se debate entre lo moral y lo normativo, añadiendo que "la carretera que va hasta la playa, de la frontera al taller, era un goteo de gente sin fín, ahora, aunque siguen andando por aquí a diario, poco a poco parece que se va recuperando algo más de normalidad".
"Van pasando por aquí durante todo el día, a todas horas ves inmigrantes calle arriba, calle abajo... Ya no tanto como el 30 de julio ni los días siguientes, pero esto es un deambular de gentes constante, sin rumbo, porque no saben dónde ir, la mayoría vinieron porque les pintaron un escenario idílico y, al llegar, se han dado cuenta de que esa realidad es inalcanzable", finaliza Sora, desde Talleres Ecoauto.