En determinadas ocasiones, comprar un coche de segunda mano sin conocer su historial es como esa punta del iceberg que no deja ver lo que hay sumergido. Porque puede ocultar mucho más que un simple desgaste por el paso del tiempo. Y es que diversas investigaciones internacionales han destapado cómo las redes del crimen organizado han introducido en Europa miles de vehículos gravemente dañados, procedentes en su mayoría de Estados Unidos, para venderlos posteriormente como coches en aparentemente buen estado, tras unas leves y, por supuesto, insuficientes reparaciones.
Según los datos analizados por Carfax, proveedor privado de historiales de vehículos en España y Europa, durante 2024, se exportaron cerca de 303.000 vehículos usados desde Estados Unidos hacia el viejo continente. De ellos, aproximadamente 220.000 habían sido declarados siniestro total por las aseguradoras estadounidenses antes de abandonar el país.
No en vano, las investigaciones han documentado incluso casos de vehículos con sistemas de seguridad manipulados, airbags ausentes o graves daños estructurales, que acabaron vendidos a compradores que desconocían su historial real.
La verdadera dimensión de este fraude ha quedado reflejado en la operación internacional “Nimmersatt”, coordinada por la Fiscalía Europea (EPPO) y apoyada por Europol. Entre abril de 2025 y febrero de 2026, mil agentes de policía, aduanas e inspección fiscal participaron en registros realizados en varios países de la Unión Europea para desmantelar una organización criminal dedicada a importar vehículos gravemente dañados desde Estados Unidos, repararlos de forma superficial y revenderlos posteriormente en el mercado de Europa de ocasión como si no hubieran sufrido accidentes.
Mediante este modus operandi, según los datos difundidos por la Fiscalía Europea, se estima que al menos 16.500 vehículos llegaron al mercado europeo únicamente a través de Lituania, generando más de 144 millones de euros en ingresos ilícitos. Asimismo, las pérdidas fiscales asociadas a esta actividad alcanzarían al menos los 31 millones de euros, sin tener en cuenta los costes derivados de futuras reparaciones, accidentes u otros daños materiales que estos vehículos podrían ocasionar. El resultado es un importante riesgo para la seguridad vial, además de pérdidas millonarias para consumidores y administraciones públicas.
Un fraude que salpica a las inspecciones técnicas
Lo más grave y sorprendente es que, en muchos casos, estos vehículos lograron superar las inspecciones técnicas obligatorias para poder circular en las carreteras europeas. En el caso de Alemania, se han documentado más de 30 casos en los que las autoridades investigaron a profesionales del sector por la emisión de informes falsos. De hecho, varios inspectores fueron condenados por delitos relacionados con sobornos y falsificación documental, llegando en algunos casos a recibir penas de prisión. Lo mismo se ha documentado en otro buen puñado de países europeos.
Se trata de un escenario muy delicado, puesto que algunos de los implicados estarían vinculados a organizaciones criminales internacionales, entre ellas, la mafia italiana "Ndrangheta". Los vehículos accidentados importados eran reparados de forma apresurada, con componentes críticos para la seguridad reparados de manera deficiente o incluso sustituidos por piezas falsificadas. En estos casos, las certificaciones técnicas emitidas por los organismos competentes de Alemania que acreditaban su aptitud para circular dejaron de cumplir la función de garantía y seguridad que los consumidores esperan de ellas.
Este fraude organizado a gran escala no hace más que incidir aún más en la importancia de cumplimentar las inspecciones técnicas con información sobre el historial real del vehículo, especialmente cuando se trata de vehículos importados o procedentes de otros mercados.
Una industria millonaria
No cabe duda de que la importación de vehículos dañados por accidentes es una industria multimillonaria. Y es que, aunque estos vehículos ya no pueden matricularse en Estados Unidos alcanzan precios elevados en Europa tras ser reacondicionados. Un ejemplo recogido en los archivos de la investigación muestra cómo un coche deportivo gravemente dañado se compra en subasta por alrededor de 10.000 euros, para luego revenderse por 50.000 euros. Además, cuanto menos se invierta en reparaciones, mayor será el margen de beneficio, a costa de la seguridad de los pasajeros y de los vehículos que circulan por las carreteras.
Sin embargo, la prevención no siempre es sencilla ni está al alcance del cliente. Y es que uno de los principales problemas para los compradores se debe a que gran parte de estos vehículos presentan un aspecto completamente normal tras repararse. Sin embargo, algunos ellos arrastran daños previos que afectan a elementos clave para la seguridad, como la estructura del vehículo, los sistemas electrónicos o determinados componentes de protección.
Ante este tipo de situaciones, Carfax recomienda disponer de información sobre el historial del vehículo, de tal manera que se permita identificar aspectos relevantes como daños registrados anteriormente, declaraciones de siniestro total, posibles inconsistencias en el kilometraje, importaciones o cambios significativos en el uso del vehículo.
Transparencia en el acceso a la información
Sin duda, las cifras que atañen a los casos relacionados con la operación “Nimmersatt” demuestran que el fraude en el mercado de vehículos de ocasión no es un fenómeno aislado, sino una actividad organizada y transfronteriza. En este contexto, Carfax presentó junto a Renato Schipani, oficial de inteligencia criminal de Interpol durante más de 30 años, una visión detallada sobre el funcionamiento de estas redes y sobre cómo los marketplaces de vehículos pueden reforzar la seguridad y la confianza mediante una mayor transparencia durante la conferencia AutosBuzz.
“Hoy es más importante que nunca que los consumidores tengan acceso a la información más completa posible sobre un vehículo. Los historiales transparentes son un elemento clave para descubrir esquemas de fraude peligrosos, proteger las decisiones de compra y aumentar la seguridad en las carreteras europeas”, explica Frank Brüggink, CEO y fundador de Carfax.
“Tal y como señaló el experto de Interpol Renato Schipani, las principales plataformas de compraventa de vehículos usados pueden ser más seguras para sus clientes si se refuerza la cooperación con las fuerzas y cuerpos de seguridad”. Por ello, desde Carfax, insisten en que la transparencia y el acceso a información fiable son algunas de las herramientas más eficaces, con el objetivo de combatir el fraude y reforzar la confianza de los consumidores.