Durante años hemos asociado la economía circular al reciclaje. Y es lógico que haya sido así. Sin embargo, reciclar constituye solo una parte del proceso. El verdadero objetivo es que los materiales recuperados vuelvan a utilizarse y sustituyan materias primas vírgenes. Ese es, probablemente, el gran desafío al que se enfrenta hoy la economía circular.
En el caso de los neumáticos al final de su vida útil (NFVU), España dispone de un sistema de gestión plenamente consolidado y de una industria capaz de transformar este residuo en nuevos recursos, como caucho, acero, fibras textiles y otras materias primas con múltiples aplicaciones. El reto ya no consiste únicamente en reciclarlos, sino en conseguir que esos materiales encuentren un mercado capaz de absorberlos. Porque un material reciclado que no encuentra salida comercial termina perdiendo gran parte de su valor ambiental, económico e industrial.
El granulado de caucho reciclado
El granulado de caucho reciclado constituye probablemente uno de los mejores ejemplos. Sus prestaciones técnicas llevan años demostradas. Permite fabricar mezclas bituminosas más elásticas y duraderas para carreteras, reduce el ruido de rodadura y mejora el comportamiento del asfalto frente al envejecimiento y la fatiga. También está presente en pavimentos de seguridad, parques infantiles, instalaciones deportivas, obra civil, aislamiento acústico o mobiliario urbano.
Sin embargo, su utilización continúa siendo muy inferior a su verdadero potencial. Basta un dato para comprobarlo: el consumo de betunes modificados con caucho reciclado ha pasado de alrededor de 10.000 toneladas en 2005 a menos de 3.000 toneladas en la actualidad, pese a que sus ventajas técnicas siguen plenamente acreditadas. No porque el material no funcione, que funciona y muy bien. Sino porque seguimos tomando demasiadas decisiones basándonos exclusivamente en el coste inicial y muy pocas considerando el coste total durante toda la vida útil de una infraestructura.
La misma reflexión puede hacerse sobre el neumático recauchutado. El recauchutado constituye uno de los mejores ejemplos de economía circular aplicada. Permite prolongar la vida útil del neumático, reduciendo significativamente el consumo de materias primas y energía. Frente a la fabricación de un neumático nuevo, puede ahorrar hasta un 70% de petróleo, un 24% de agua y reducir en torno a un 30% las emisiones de CO₂.
No es casualidad que el Real Decreto 712/2025, de neumáticos al final de su vida útil, sitúe la preparación para la reutilización por delante del reciclaje en la jerarquía de residuos, ámbito en el que se encuadra el recauchutado. De hecho, establece un objetivo mínimo del 15% en peso de preparación para la reutilización para 2025, 2030 y 2035, reforzando la importancia de prolongar la vida útil de los neumáticos dentro de la economía circular.
Sin embargo, la realidad del sector español del recauchutado invita a la reflexión. En los últimos veinte años, la producción ha descendido un 52%, pasando de 1.132.500 neumáticos recauchutados a 540.850 unidades, mientras que el número de plantas se ha reducido de 46 a 19.
Las causas son diversas: la creciente competencia de neumáticos importados de bajo coste, la evolución del mercado y el limitado desarrollo de mecanismos que permitan poner en valor las ventajas ambientales y económicas que aporta el recauchutado.

Los autobuses son uno de los segmentos donde el reciclaje de neumáticos puede tener mucha mayor cabida.
Un instrumento útil
En este contexto, la Compra Pública Verde puede convertirse en un instrumento especialmente útil. La incorporación de criterios ambientales en las licitaciones públicas permitiría impulsar el uso de neumáticos recauchutados en aquellas flotas y servicios donde resulte técnica y operativamente viable, generando una demanda estable que favorezca la actividad industrial y contribuya al cumplimiento de los objetivos fijados por el propio Real Decreto 712/2025.
Italia, por ejemplo, mantiene desde 2021 una cuota mínima del 30% de neumáticos recauchutados en determinadas categorías de flotas públicas, demostrando cómo la contratación pública puede convertirse en una herramienta eficaz para impulsar la economía circular y fortalecer el tejido industrial.
La necesidad de crear nuevos mercados resulta aún más evidente si tenemos en cuenta que algunas aplicaciones tradicionales del caucho reciclado, como granulado para césped artificial, afrontan importantes cambios regulatorios en Europa, lo que obliga a desarrollar nuevos destinos para estos materiales.
También las nuevas tecnologías de reciclaje, como la pirólisis, ponen de manifiesto la importancia de crear mercado. Hoy ya somos capaces de recuperar materias primas de gran valor, como el negro de carbón recuperado, con potencial para volver a incorporarse a la fabricación de nuevos neumáticos y otros productos industriales. En buena medida, el desafío ya no es tecnológico, es sobre todo, comercial e industrial.
Necesitamos que esos materiales encuentren una demanda suficiente para que puedan consolidarse como auténticas materias primas secundarias. Por eso el debate sobre la economía circular no puede limitarse a cómo reciclar mejor. Debe incorporar otra cuestión igual de importante: cómo favorecer el uso de los materiales reciclados.
Y es precisamente aquí donde la Administración dispone de una capacidad de actuación extraordinaria. La Compra Pública Verde constituye, probablemente, una de las herramientas más eficaces para acelerar esta transformación. Las administraciones públicas son uno de los mayores compradores del país. Cada contrato público representa una oportunidad para impulsar la utilización de materiales reciclados, fomentar la innovación y consolidar mercados que todavía necesitan ganar dimensión.
Incorporar criterios ambientales en las licitaciones públicas, favorecer el uso de mezclas bituminosas con caucho, promover el empleo de neumáticos recauchutados en determinadas flotas, de mobiliario urbano, de granulado de NFVU o incentivar el uso de materias primas secundarias supone actuar desde la demanda, que es precisamente donde hoy se encuentra uno de los principales desafíos de la economía circular para crear las condiciones y que los materiales reciclados puedan competir en igualdad de oportunidades, demostrando su valor técnico, ambiental y económico.
El sector del neumático ha demostrado que dispone de la capacidad técnica, la experiencia y la infraestructura necesarias para garantizar una correcta gestión de los neumáticos fuera de uso. Ahora necesitamos que los materiales obtenidos encuentren aplicaciones estables y una demanda suficiente que permita aprovechar plenamente su potencial.
La economía circular no termina cuando un residuo se recicla. Se completa cuando ese material vuelve a incorporarse al proceso productivo y sustituye una materia prima virgen. Ese es el círculo que todavía nos queda por cerrar.