Euromaster recomienda evitar la "deshidratación" mecánica del vehículo en la temporada de más calor. Para ello, el especialista en mantenimiento del automóvil, aconseja realizar una sencilla operación de mantenimiento que ronda los 50 euros y que evita, además, averías de más costosas y graves que pueden llegar incluso a los 10.000 euros.
La clave está en el líquido refrigerante, un elemento esencial para el correcto funcionamiento del motor y que muchos conductores siguen identificando erróneamente como "anticongelante". Sin embargo, esta denominación sólo hace referencia a una de sus múltiples propiedades y no refleja la verdadera importancia que tiene para la salud mecánica del vehículo, asegura la firma.
Tal y como explica, el líquido refrigerante tiene como función principal regular la temperatura del motor y evitar que alcance niveles que puedan comprometer su funcionamiento. Su importancia se acentúa durante el verano, cuando las altas temperaturas y los desplazamientos prolongados someten al vehículo a una mayor exigencia. En estas condiciones, el refrigerante eleva el punto de ebullición del circuito muy por encima de los 100°C que alcanzaría el agua por sí sola, permitiendo que el motor opere con seguridad sin que el líquido hierva ni pierda su capacidad de disipar el calor. No obstante, cuando el refrigerante se degrada o no se sustituye con la periodicidad recomendada por el fabricante, pierde sus propiedades anticorrosivas y su resistencia a las altas temperaturas, aumentando el riesgo de sobrecalentamiento y de averías mecánicas.
Pero sus funciones van mucho más allá. Además de impedir la congelación del circuito en invierno y de que comprometa el rendimiento del motor debido a un sobrecalentamiento, el líquido refrigerante también protege frente a la corrosión, evita la formación de depósitos calcáreos, ayuda a mantener limpio el sistema de refrigeración y contribuye a la correcta lubricación de determinados componentes, como la bomba asociada al circuito.
Cuando este líquido pierde sus propiedades o no se sustituye en los plazos recomendados, el sistema de refrigeración deja de trabajar de forma eficiente. Como consecuencia, aumenta el riesgo de sobrecalentamiento, uno de los problemas mecánicos más graves que puede sufrir un vehículo y que, en determinadas circunstancias, puede acabar provocando una avería importante en el motor que, en determinados casos, puede implicar su sustitución y una costosa reparación de hasta 10.000 euros en determinados modelos de coches.
Aunque no existe un plazo universal para todos los vehículos, la sustitución suele realizarse entre los dos y los cuatro años, dependiendo de las especificaciones de cada modelo.
"Además de este elemento, es recomendable realizar una revisión preventiva del vehículo donde se compruebe el sistema de refrigeración y del resto de elementos críticos, tales como los neumáticos, la batería o el nivel de aceite, entre otros, lo que puede ayudar a prevenir averías, mejorar la fiabilidad del automóvil y afrontar los viajes de verano con mayores garantías de seguridad", concluye.