José Boullosa jamás olvidará el 2 de septiembre de 2019. Aquel día no era uno más. Fue el día que levantó por primera vez la persiana de su ansiado taller de mecánica. Y no fue nada sencillo. Porque la vida de este español, gallego, pero de familia venezolana, da para una película. Incluso para sus correspondientes continuaciones. No a uno, sino a dos secuestros en el país sudamericano, ha logrado sobrevivir -el primero tras pagar rescate su mujer y el segundo después de fugarse en plena madrugada- para luego alcanzar su sueño en la automoción tras huir a España, casi obligado por el consulado. Hoy gerente del taller Croix Car Service, en Pontevedra, es el ganador del concurso que organiza Förch en Infocap. Por tanto, rumbo a Galicia fueron esta vez la caja de herramientas de 88 piezas y el set de linternas LED recargables de bolsillo del premio.
"Sobre todo es un taller dedicado a la electromecánica y a la mecánica rápida: embragues, suspensiones, frenos, sonidos, climatización, pre ITV... Menos motores, un poco de todo, hasta tenemos un área especial para furgonetas y autocaravanas, porque tenemos cuatro elevadores, dos para 3.200 kilos y otros dos para 6.500 kilos, perfectamente capacitados para su reparación", detalla sobre un local extenso, con mil metros cuadrados, y no menos solera. "Su licencia data de 1960, es bastante antigua, se la adquirí a su primer propietario, que montó un taller en aquellos años, pero después lo acabó cerrando al jubilarse… Pasó el tiempo y todavía seguía conservando el local, así que, después de un buen trecho buscando en Vigo, porque me costó encontrar un taller para mí, me decidí por éste, porque estaba muy bien situado, en todo el centro de Pontevedra", relata en voz alta el proceso.
Eso sí, meses y meses, uno detrás del otro, cerrado a cal y canto, habían convertido aquello "más en un desguace que un taller". "Hubo que hacer una inversión económica potente, 250.000 euros, en la reforma: cambiar los techos, los espacios de ventilación, un equipamiento, completamente nuevo, unas herramientas acordes al servicio que ofrecemos...", enumera, sacando pecho de que poseen "la misma maquinaria que tienen en los concesionarios Porsche de Madrid y Vigo", porque quiere "marcar la diferencia", afirma rotundo Boullosa.
Un mes de lista de espera
"Queremos que el cliente venga convencido y salga aún más satisfecho, buscamos un servicio transparente del que el cliente se sienta parte, porque esté al corriente en todo momento: se le envían imágenes de cada proceso de reparación, se le avisa de cada decisión tomada, no se tira nada, ninguna pieza, que él lo ha visto, incluso, se le entrega, si lo desea, lo que se ha retirado de su vehículo", argumenta sobre su metodología. Y parece que no le va mal con esta filosofía, pues acumulan un mes exacto de lista de espera para coger citas.
No obstante, lo que hoy es un camino de rosas, tuvo un buen puñado de espinas al echar la vista atrás. Una historia de idas y venidas a uno y otro lado del Atlántico que comenzó muy pronto, tanto, que ni siquiera había nacido.
“Mi padre se vino en barco a España desde Venezuela, sólo, con apenas 20 años, dos años después mi madre siguió sus pasos, estuvieron un tiempo aquí, pero se volvieron a Venezuela hasta que en 1969 regresan brevemente a España, de hecho, tan breve que yo nací en 1970 y el año siguiente ya estábamos otra vez cruzando el Charco, nos asentamos en Caracas, crecí allí, incluso hice mis primeros pinitos en algún taller, también trabajé en un par de lavados automáticos… Hasta trabajé como perito durante un tiempo, pero entonces, con mi familia ya formada, mujer e hijos, comenzaron los problemas”, avanza.

Fachada principal del taller pontevedrés de Croix Car Service.
Dos secuestros de película
“Me secuestraron dos veces, con la propia Policía venezolana salpicada, agentes y altos cargos corruptos, la primera vez estuve raptado durante dos noches, hasta que pagó mi mujer el rescate, la segunda todo fue mucho más escabroso, porque me escapé yo mismo por la noche en un descuido de los secuestradores, que, fíjate si la Policía estaba implicada, que me habían metido en una de sus patrullas con la capucha tapada para evacuarme”, recuerda con una frialdad que asusta.
Ante un panorama tan poco alentador, Boullosa acudió al Consulado. Allí denunció al Cuerpo de Policía y al ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno venezolano -denuncias que siguen su curso, aunque con escasos visos de prosperar-, allí también, como respuesta le recomendaron que se fuera del país. “Me avisaron de que no iban a parar que, una vez que sabían que había pagado dinero una vez, insistirían para sacarme más, de hecho, me advirtieron de que probablemente, la próxima vez, el secuestrado sería mi hijo”, prosiguió con un relato que hiela la sangre.
Exilio obligado para toda la familia
“Nos lo pintaron mal, nos pusieron entre la espada y la pared, prácticamente nos obligaron a volvernos a España, de hecho, no quise dejar a nadie allí, nos exiliamos mis padres, mi mujer, mis dos hijos y yo, la que más acusó la situación fue mi madre, no levantó la cabeza por todo lo que habíamos sufrido, acabó con Alzheimer y terminó falleciendo”, recuerda sobre una salida “apresurada del país, con lo puesto”, tanto que no pudo recoger sus viviendas en Caracas. Es más, todavía hoy, sigue “pagando todos los meses” los alquileres: el de su casa, el de la casa de la playa y hasta el del negocio de su padre, nada menos que un hotel en pleno Caracas.
Ahora, José Boullosa y su familia son felices en Pontevedra. Vive tranquilo, alejado de una trama de película que bien le pudo costar la vida. El taller va viento en popa, no le falta de nada. Está equipado con todo cuanto elucubraba aquel niño que, por las tardes, al salir de la escuela, hacía pequeños arreglos en un humilde taller en Caracas. Las pesadillas parece que quedaron atrás. Ahora vive su sueño. Basta con alzar la persiana cada mañana.