Cuando alguien me dice "quiero una herramienta de impacto", casi siempre viene de lo mismo: has intentado apretar o aflojar algo serio con un taladro y te has dado cuenta de que no es su terreno. O te has comido cabezas de tornillo, o te has dejado la muñeca, o el tornillo se ha quedado a medias como diciendo "hasta aquí".
La buena noticia es que existen dos herramientas que, bien elegidas, te evitan ese show. La mala noticia es que mucha gente compra la que no toca, porque por nombre suenan parecido.
Vamos a aclararlo como lo harías en taller: por tareas reales.
No son lo mismo, aunque se parezcan
Un atornillador de impacto está pensado para meter tornillos con alegría, sobre todo en madera, estructuras, tirafondos y trabajos repetitivos. Es rápido, cómodo, y lo que más vas a notar es que deja de patinar la punta y de "torcerte" la muñeca.
Una llave de impacto está pensada para lo otro: aflojar o apretar tornillería dura, tuercas, pernos, ruedas, cosas que con carraca te hacen sudar o que directamente no salen. Aquí manda el par de verdad.
Si lo resumo en una frase:
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Atornillador de impacto: tornillos.
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Llave de impacto: tuercas y tornillería pesada.
Cuándo te compensa un atornillador de impacto (y por qué engancha)
Si haces bricolaje de verdad, aunque sea "de casa", llega un punto en el que atornillar con un taladro te parece lento y torpe. El taladro vale para muchas cosas, pero no es el mejor para meter tornillos a ritmo, sobre todo cuando la madera es dura o el tornillo es largo.
Con un atornillador de impacto notas tres cosas rápido:
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Entra mejor sin que se te escape la punta.
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No tienes que apretar tú con el cuerpo para que agarre.
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Vas más rápido, y acabas menos cansado.
El típico caso: montar una estructura de madera, una pérgola, una base para un banco, o cualquier trabajo donde hay "muchos tornillos y ninguno quiere entrar a la primera". Ahí el atornillador es el que te hace decir: "vale, ahora sí".
Cuándo necesitas una llave de impacto (y cuándo es gastar por gastar)
La llave de impacto es la herramienta que te salva cuando hay tuercas que no salen, tornillos agarrotados o trabajos de coche/moto donde una carraca se queda corta. Si alguna vez has intentado aflojar una tuerca y has acabado haciendo palanca con una barra "porque no hay manera", ya sabes de qué hablo.
La llave de impacto es para:
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Ruedas (si haces mantenimiento o cambias ruedas tú).
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Tornillería grande y apretada.
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Elementos con óxido o con años encima.
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Tareas donde lo importante es el par y la rapidez para aflojar.
Ahora, si tú no haces automoción, no tocas tornillería dura y lo tuyo es montaje y madera, una llave de impacto puede ser "demasiado". No porque sea mala, sino porque no la vas a usar y pesa más de lo que necesitas.
La compra inteligente (lo que haría alguien que quiere acertar)
Aquí va el criterio simple que de verdad funciona:
Si tu día a día es madera, montaje, tirafondos y proyectos de bricolaje con muchos tornillos: empieza por el atornillador de impacto.
Si tu día a día es coche/moto, tornillería dura, tuercas y piezas que se resisten: la llave de impacto es la que te va a dar la sonrisa.
Y si haces ambas cosas, entonces sí tiene sentido tener las dos, porque no se pisan: se reparten el trabajo.
Un detalle que te evita comprar mal: no es solo "fuerza", es control
Mucha gente compra la llave pensando "más potencia, mejor". El problema es que para tornillos en madera no siempre quieres "más", quieres control, rapidez y que no destroce la cabeza del tornillo.