Baches de varios centímetros de profundidad -que cuando llueve el agua llega a cubrir una bota de monte-, cunetas invadidas por la vegetación, desniveles repentinos del terreno que generan grietas y elevaciones peligrosas en el asfalto, falta de visibilidad... Conducir por la carretera que une Silanes con Villanueva de Teba, municipios burgaleses ambos, es una odisea. O mejor dicho, un peligro. También un socavón, aún más grande que el del asfalto, para el bolsillo de los conductores de la zona. Hartos de ello, más de uno, y de dos, han tomado una decisión: pretenden pasar los gastos del taller, alrededor de unos 250 euros, al municipio de Miraveche (Burgos), responsable de la vía y que no destina un euro a mejorar dicha carretera.
Así lo afirma El Diario de Burgos, que expone el caso concreto de varios damnificados. Como Sorin, que cambia las ruedas y alinea la dirección de su coche y de la furgoneta de trabajo cada poco tiempo, últimamente una vez año,. "Se desgastan demasiado rápido y sufren daños estructurales al impactar contra los profundos socavones que desde hace tiempo obstaculizan la conducción por la carretera que ciomunica su localidad", describe.
Y es que los dos accesos de entrada -desde Santa Maríade Ribarredonda- presentan un estado lamentable, lo que acelera el deterioro de los vehículos. Harto de invertir dinero y comprobar que el Ayuntamiento de Miraveche -al que pertenecen- no mueve un dedo, pasará a la acción y le remitirá la factura del taller. Otra vecina, Rosa, hará lo propio.
Porque las entradas y salidas se han convertido en una auténtica tortura, más durante los meses de invierno: las gélidas temperaturas y la lluvia no ayudan a mejorar la situación, al contrario, apresuran el deterioro del pavimento.
Apenas tres kilómetros separan los dos pueblos, pero son "intransitables", se lamenta Claudia, perteneciente a la Asociación de Vecinos de Silanes. Al menos cuatro viajes al día -más si sus hijas tienen que dar clases particulaeres- realizan para llevar a sus hijas al colegio de Pancorbo, toda vez que el transporte escolar no llega a dicha villa, precisamente, debido al estado de la carretera.
Otro servicio para los residentes perdido. Como las visitas del panadero, del pescadero, del heladero móvil, del pequeño camión de congelados -que en lugar de dos, ya sólo acude unaa vez a la semana- son ya un recuerdo vago y lejano. Todos pasan de largo. Hasta el el minibus que transportaba a los vecinos hasta Briviesca. Cada vez menos servicios, tampoco una inversión. Ahora, quizás, el desembolso sea forzoso y para el taller.