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Un motor destrozado por falta de lubricación: la clave estaba en una pequeña junta

Siguiendo con lo expuesto en los dos artículos anteriores, Ángel Fresneda demuestra cómo una pieza pequeña puede desencadenar una gran avería.

Publicado: 27/10/2026 ·16:23
Actualizado: 27/10/2026 · 16:23
  • Fresneda resalta la importancia de reconstruir la situación e identificar qué pudo iniciar la cadena de daños.

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En los artículos anteriores, hablábamos de la importancia de diferenciar una pieza averiada de la verdadera causa que provocó su deterioro. Hoy vamos a verlo con un caso real investigado recientemente en nuestro gabinete pericial y que os adelanté en articulo anterior. Un vehículo industrial sufrió una grave avería de motor después de haber recorrido aproximadamente 14.500 kilómetros desde una intervención por una campaña técnica indicada y prescrita por el fabricante para dicho tipo de unidades afectadas, y en la que se había sustituido la bomba de aceite.

El motor quedó inutilizado y el vehículo tuvo que ser trasladado en grúa al taller. ¿Una avería propia de un motor con cerca de 650.000 kilómetros? ¿Un problema de lubricación? ¿O podía existir alguna relación con la intervención anterior?

Nuestro trabajo consistía en determinar qué había ocurrido realmente y qué evidencias permitían establecer el origen de los daños. Cuando realizamos la primera inspección pericial, el motor se encontraba parcialmente desmontado. Se habían retirado el cárter, la bomba de aceite y diferentes conducciones del circuito de lubricación.

Durante las comprobaciones posteriores, observamos un importante deterioro en los cojinetes del cigüeñal, con rayados acusados, arrastre del material antifricción y daños severos en sus superficies de trabajo. También encontramos alteraciones cromáticas azuladas y pardas en determinadas zonas de los apoyos del cigüeñal, compatibles con una elevada solicitación térmica.

El conjunto de estos daños apuntaba a un funcionamiento en condiciones deficientes de lubricación. La diagnosis electrónica aportaba otro dato relevante: existía un registro de baja presión de aceite. Todo parecía indicar que el motor había sufrido una pérdida de lubricación efectiva, pero todavía quedaba por determinar qué la había provocado.

En la imagen, puede apreciarse la incorrecta ubicación de la pieza morada.
En la imagen, puede apreciarse la incorrecta ubicación de la pieza morada.

Un hallazgo que cambió la investigación

Durante el examen de los conductos metálicos del circuito de aceite encontramos una anomalía especialmente significativa. Uno de los anillos de estanqueidad, de color violeta, se encontraba desplazado de su posición funcional, deformado y alojado irregularmente en el interior de una conexión. Puede parecer un detalle menor, pero estos elementos tienen una función fundamental: garantizar la estanqueidad de las conexiones del circuito.

Una junta incorrectamente posicionada puede permitir una fuga interna de aceite y provocar una reducción de presión o caudal sin que exista necesariamente una pérdida visible al exterior.

No obstante, existía una circunstancia que debíamos considerar: los conductos habían sido desmontados antes de nuestra intervención pericial, por lo que no podíamos afirmar únicamente por esa observación cuándo se había desplazado el anillo. Era necesario contrastar el hallazgo con el resto de la documentación y las evidencias mecánicas.

Qué desveló el procedimiento técnico

Aquí apareció uno de los aspectos más interesantes del caso. Disponíamos del procedimiento oficial correspondiente a la campaña técnica realizada anteriormente sobre la bomba de aceite. Al revisarlo comprobamos que incluía una advertencia expresa sobre los anillos de estanqueidad de los conductos de lubricación, indicando la necesidad de extremar las precauciones durante su instalación para evitar daños o posiciones incorrectas. Es decir, el propio procedimiento técnico advertía específicamente sobre el elemento en el que posteriormente habíamos encontrado la anomalía.

Esta coincidencia resultaba especialmente relevante. Además, la intervención anterior afectaba directamente al sistema cuya deficiencia de funcionamiento era compatible con los daños internos observados. No se trataba simplemente de que el motor hubiera fallado después de pasar por el taller. Existía una correspondencia técnica entre la intervención, el elemento encontrado fuera de posición y el mecanismo de avería.

¿Y los 650.000 kilómetros del motor?

Naturalmente, el kilometraje también debía valorarse. Un motor con esa utilización puede presentar desgaste, y no sería correcto descartar una avería propia únicamente porque anteriormente se hubiera realizado una reparación. Sin embargo, los daños observados en los cojinetes no respondían satisfactoriamente a un simple desgaste uniforme por kilometraje.

El patrón de deterioro, las alteraciones térmicas y el registro de baja presión resultaban compatibles con un episodio anormal de lubricación insuficiente. También se consideraron otras posibles causas, como contaminación del aceite, obstrucciones o anomalías propias de la bomba, sin encontrar evidencias que explicaran mejor el conjunto de daños.

Una pequeña pieza, una gran avería

Tras analizar los componentes, la documentación técnica, la cronología y las evidencias obtenidas, concluimos que la causa técnicamente más probable de la avería era una pérdida de estanqueidad interna del circuito de lubricación, asociada al posicionamiento incorrecto del anillo encontrado durante la inspección.

Esta anomalía podía explicar la reducción de presión o caudal de aceite, la pérdida de película lubricante en los cojinetes, el incremento de fricción y temperatura y, finalmente, los graves daños sufridos por el cigüeñal y sus apoyos. También encontramos fundamento técnico para relacionar dicha deficiencia con las operaciones efectuadas anteriormente sobre el sistema de lubricación.

Y aquí está, precisamente, la enseñanza de este caso. Los daños más importantes estaban en el cigüeñal y sus cojinetes, pero la explicación más probable de su origen se encontraba en una pequeña junta de estanqueidad. En una investigación pericial no basta con demostrar qué se ha roto. Hay que reconstruir cómo se produjo la avería y qué elemento pudo iniciar la cadena de daños. Porque, en ocasiones, la pieza más pequeña puede terminar siendo la evidencia más importante de toda la investigación.

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