Neumáticos | El neumático en mal estado, aún más peligroso en otoño

Las primeras lluvias disparan la peligrosidad de la conducción, al aumentar la distancia de frenado hasta el 40%, según alerta Grupo Andrés.

El neumático en mal estado, aún más peligroso en otoño El neumático en mal estado, aún más peligroso en otoño
El neumático en mal estado, aún más peligroso en otoño

La suciedad depositada sobre la vía durante los meses de verano convierte el asfalto en una auténtica pista de patinaje con las primeras lluvias, según alerta Grupo Andrés. Esta época del año hace que los talleres -especialmente los de carrocería- tengan algo más de trabajo. Sin embargo, los reparadores también se convierten en prescriptores y deben asesorar a sus clientes para concienciarlos en las ventajas de conducir con los neumáticos en buen estado.

Los neumáticos inflados de forma deficiente y con menos de 2 milímetros de profundidad de dibujo en la banda de rodadura, son poco seguros durante los aguaceros del otoño que acaba de arrancar, y que, recuerda el distribuidor, propician las salidas de la vía y los alcances en frenada, accidentes más habituales en estas fechas.

Las distancias de frenado se multiplican hasta el 40% y la dirección pierde hasta el 75% de su eficacia en cuanto la grasa y la suciedad del asfalto se mezclan con el agua proveniente de las tormentas otoñales. Dichos fenómenos disparan los riesgos para la conducción hasta bien entrado octubre.

La adherencia mínima del asfalto durante las tormentas otoñales exige una conducción especial. De este modo, Grupo Andrés recuerda a los conductores las cinco normas básicas para rebajar esa peligrosidad:

Reducir la velocidad desde las primeras gotas, sin detenerse nunca en el centro de la calzada. Disminuir el ritmo de marcha de modo progresivo; poner las luces del coche, especialmente el antiniebla posterior, y accionar los limpiaparabrisas al ritmo máximo, deben ser las primeras acciones a realizar según el distribuidor que recomienda buscar el arcén si la visibilidad es mínima e impide continuar con cierta confianza.

Revisar la presión de las cubiertas y la profundidad de su dibujo, garantizan la seguridad de todos los ocupantes del vehículo. Los neumáticos desgastados son especialmente peligrosos cuando se rueda sobre asfalto mojado. El límite legal es de 1,6 milímetros de profundidad de dibujo, pero deben cambiarse las cubiertas antes de llegar a ese extremo. Los indicadores de agarre óptimo en agua, situados a 2,3 milímetros de profundidad según recuerda Grupo Andrés, orientan sobre la conveniencia o no de cambiar los neumáticos de cara a la temporada de lluvias.

Conducir por el centro de la calzada, ya que ofrece siempre el máximo de adherencia. Todas las vías tienen la curvatura necesaria para evacuar la mayor cantidad de agua posible. Su eje central longitudinal ofrece el máximo nivel de adherencia, por lo que, tal y como recomienda el distribuidor, hay que procurar evitar los laterales.

Atención máxima al pedal de embrague, para modular la fuerza mecánica disponible ante una riada o un charco profundo. Según alerta el distribuidor, si el usuario conduce un coche con cambio manual y la vía ya está encharcada, debe jugar con este pedal. El motor revolucionado asegura un buen caudal de potencia si se necesita salir de un obstáculo, evitando la detención intempestiva.

Mantener el pie en el acelerador, impidiendo que se cale el motor si el agua sube repentinamente. Así, si el coche se adentra en un gran charco no se debe levantar el pie del acelerador. Si se mantiene el motor en funcionamiento se podrá evitar un percance grave y caro de solucionar, ya que el agua no entrará por el tubo de escape.

Además, los especialistas del distribuidor recuerdan que el automóvil es el lugar más seguro en caso de tormenta de rayos. La goma de las cubiertas, que no es conductora de la energía eléctrica, aísla la célula habitable.

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