José Manuel Penas

| La madre de todas las guerras: Internet | -

Imagen de las primeros ordenadores que se crearon Imagen de las primeros ordenadores que se crearon
Imagen de las primeros ordenadores que se crearon

Es muy curioso que algo tan antiguo como la bipolaridad humana, semántica, lógica o matemática, esté también en el origen de Internet. Tenemos que agradecer a la guerra fría; a las décadas de los años 50 y 60 su nacimiento.

Dos mundos, dos conceptos sociales y económicos como son el liberalismo yanqui o el comunismo soviético de Stalin consiguieron crear y creer en “la teoría del domino”, que lo único que produjo fue llenar el planeta de misiles con cabezas nucleares.

Fueron las mentes desenfocadas del departamento de defensa norteamericano las que encargaron un sistema de conectividad entre sus bases de lanzamiento de misiles para garantizar su funcionamiento; para prevenir que alguno de sus nodos fueran destruido por un hipotético ataque nuclear soviético.

Esto narra la historia de  los creadores de ARPANET, la red precursora de Internet. La primera transmisión de datos en red paso desapercibida, coindiciendo en el año con otro hitos enormes y dispares como el primer lanzamiento discográfico de Led Zeppelín, el primer vuelo del Concorde o el primer paso del comandante Neil Armstrong en el Mar de la Tranquilidad …y era el año del amor en San Francisco: 1969.

Esta es en principio la historia oficial del nacimiento de un invento comparable a la brújula o la máquina de vapor. Inventos que transformaron el mundo de tal manera que a partir de su expansión nada volvió a ser igual.

La máquina de vapor tardó casi 100 años en buscar la aplicación definitiva que transformara el mundo; ésta fue la utilización en la propulsión de barcos en el transporte marítimo, que acercó los mercados y acortó drásticamente la distancia entre los continentes.

Internet ya está cerca de lograr, lo mismo que la máquina de vapor en muchas áreas, aunque en mi opinión la máxima aportación llegará en un futuro no lejano, apenas 25 años. Una de las áreas que está transformando irreversiblemente es el mercado.

Trabajadores junto a los primeros ordenadores
Trabajadores junto a los primeros ordenadores

En el sector de la reposición del automóvil la caída del mercado ha generado una mayor erosión en el margen de la venta del recambio. Además, la obediencia al primer axioma de la mercadotecnia ha dominado las estrategias comerciales: ”El precio lo marca la oferta y la demanda” también ayuda a esta erosión.

¿Qué podemos esperar de la madre de todas las guerras (parafraseando a  Saddam Hussein )? La red de redes está facilitando algo revolucionario hasta hace pocos años oculto al consumidor: la información.

La información de producto: técnica, comercial; sobre los fabricantes o los talleres de montaje, la opinión de los usuarios… y cómo no, internet informa del precio. ¿Pero de qué precio?

Del precio que aparece en los portales B2C, en comparadores de neumáticos o en foros. Un precio diferente al PVP del fabricante y mucho más agresivo que el que podemos encontrar en cualquier taller, el precio online.

¿Pero qué efectos tiene este nueva fijación de referencia de precio?

El primero posiciona en la mente del consumidor un precio máximo del producto. Es aquí donde los fabricantes comienzan a tener que modificar su estrategia, que su PVP debería de ser PMVO (Precio Máximo de Venta Orientativo).

El segundo y definitivo efecto es que el consumidor sabe ya más que los profesionales del sector. La venta está sujeta a su percepción de precio del recambio y del servicio.

Además, si somos caros o el servicio no corresponde a las expectativas del cliente, éste recurre a la comunicación en las redes sociales. En un instante, desde su Smartphone socializa y expande por el mundo su opinión sobre nuestro servicio.

La irrupción como nuevo canal de venta para bienes y servicios hace de internet un objetivo deseable para todo tipo de empresa, pero antes de embarcarnos en cualquier aventura a lo desconocido deberíamos ser usuarios, ya es tarde para ser nativos digitales. No hay mejor manera de conocer un idioma que hablarlo aunque sea como los indios de las películas de vaqueros: en blanco y negro. 

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