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| Mi adiós al entrañable Vindemial Aldea (Filtros Cartés) | -

Vindemial Aldea Vindemial Aldea
Vindemial Aldea

Ayer tarde falleció a los 83 años Vindemial Aldea. Vinde, como le llamaban sus muchos amigos del recambio, era de esas personas que rápido se hacen querer. También en el trabajo, donde hizo gala de un carisma especial basado en su gran humanidad. Su frescura a la hora de contar sus experiencias personales y su ánimo de extenderlas a otros profesionales a través de las revistas, le hicieron ganarse las simpatías de un sector que siempre ha valorado, y mucho, los lazos afectivos.

En mi opinión era de esas personas que descolocan por decir lo que piensan con la habilidad con la que un dentista emplea la anestesia al sacarte una muela. Con la franqueza y desparpajo de un niño. Sin que nadie se sienta molesto.

Al más puro estilo “Leopoldo Abadía” simplificaba con humor su visión de la empresa: “La base del buen funcionamiento de un negocio, según un fundamento muy personal que yo tomo por principio, consiste en comprar barato, vender caro, hacerlo muchas veces y cobrarlo casi todo”.

Vindemial Aldea nos enseñó a desarmar a nuestros rivales en situaciones comprometidas. Como cuando entró en un bar y se encontró con un moroso. Así nos lo contaba:
“Iba acumulando cada vez más deudas, y siempre dándome largas, hasta que un día, cuando entré en un bar donde estaba él con algunos amigos, todos conocidos de los dos, me soltó a bocajarro, como muy ofendido:
- Aldea, me he enterado que has dicho por ahí que te debo dinero.
Me dejo unos segundos descolocado porque parecía que era yo el que tenía que avergonzarme, hasta que reaccioné y acerté a decirle:
- Pues sí, seguro que lo habré dicho, y te aseguro que en cuanto me pagues no lo digo más”

Debo decir que fue uno de los primeros profesionales que conocí cuando comencé en 1992 en la revista Recambios & Accesorios. Recuerdo que eran los años de Valentín Alonso al frente de Ancera, de Carmelo Olmo en Cetraa y de otros personajes que con frecuencia se convertían en objeto de nuestras críticas. Pero también recuerdo el adjetivo “entrañable” convertido casi en epíteto junto al nombre de Vindemial Aldea.

Esta mañana he llegado a la Redacción y mis compañeros me han dado la triste noticia. No quería escribir este post sin antes haberme acercado junto a Mar Calderón y Ángel Palacios al tanatorio de la M-30 en Madrid para darle el último adiós y sobre todo dar un abrazo a Roberto, su hijo, que sin duda ha heredado lo mejor de su padre. Tal y como me esperaba, se encontraban muchas personas del sector unidas en el dolor que nos ha producido su marcha, como Carlos Perera, histórico representante de recambios, visiblemente afectado, o Jesús Lucas, de Cecauto, para quien Vindemial es “el último mohicano del recambio”.

Vindemial Aldea, entregando un premio junto a su hijo Roberto
Vindemial Aldea, entregando un premio junto a su hijo Roberto

El último o no, ahí va mi adiós a Vindemial Aldea, un histórico del recambio que fundó a finales de 1967 Filtros Cartés en un local de 30 m2 y con 2.000 filtros en depósito hasta convertirse en un imperio de la filtración. Él mismo lo recordaba con un chiste que hoy seguramente sea muy apropiado para recordarle como a él le gustaría. Con una sonrisa.

“Al compararlo con el volumen actual, con la capacidad de respuesta inmediata que da el acceso al cruce de un millón de referencias en pantalla, respaldado por el stock más completo, con más de noventa colaboradores expertos o doctorados en filtración capitaneados por Roberto; me viene a la memoria aquel chistecillo entre Jesús y San Pedro durante uno de los viajes del Papa (que para nada ni por nada quisiera yo que pareciera irreverente:)

Aquella mañana, en el cielo, observó Jesús que los ángeles no estaban atentos a sus coros ni ritos gloriosos. Es más, ni siquiera revoloteaban suavemente a su alrededor, más que unos pocos, porque la mayoría estaban escaqueados. Sorprendido por ello, llamó a Pedro para preguntarle el porqué de aquella anormalidad y qué atractivo podía interesarles más que el goce de su gloria. Pedro le informó:

- Maestro, están casi todos asomándose entre las nubes para ver pasar al Papa, que viaja en vuelo especial a Tierra Santa. Ven, ven conmigo, asómate para que Tú también lo veas.
Y cuando vieron pasar, tan majestuoso y espléndido avión, preguntó Jesús:
- ¿Quien es el Papa?
- Señor, es mi sucesor, nuestro representante en la tierra, como Tú dispusiste.
Y Jesús, moviendo suavemente la cabeza de arriba abajo, comentó:
- Fíjate Pedro, fíjate por dónde va aquel negocio que empezamos nosotros con una borriquilla.


Artículos de Vindemial Aldea: http://www.filtroscartes.net/opinion/sraldea.asp?lng=ES

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Sobre el autor

Carlos Azofra es periodista licenciado en CC. de la Información. Desde 1992 ligado al sector de la posventa de automoción, en 2007 creó Infocap Posventa de Automoción e Infotaller.

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