Reparación | Amarauto desmitifica la necesidad de renovar el parque cada 5 años

José Damián Villatoro, su vicepresidente, acusa a los fabricantes escudarse en la seguridad vial para crear una necesidad de cambiar coche cada pocos años, sólo con el ánimo de vender más.

Amarauto desmitifica la necesidad de renovar el parque cada 5 años Amarauto desmitifica la necesidad de renovar el parque cada 5 años
Amarauto desmitifica la necesidad de renovar el parque cada 5 años

"Asistimos estupefactos al bombardeo de los mensajes de renovación del parque automovilístico, escudados en conceptos irreales o completamente falsos, que atienden a los deseos o necesidades de grandes corporaciones con capacidad de presión suficiente como para influir en la sociedad, léase clientes, con la finalidad de despertar en ellos una necesidad ficticia que les reporte mejores beneficios".

Así de contundente se ha mostrado José Damián Villatoro, vicepresidente de la asociación madrileña de recambistas Amarauto, quien en un artículo, ha pretendido "demostrar o despertar el escepticismo ante ese bombardeo de mensajes al que nos someten".

Villatoro señala en dicho artículo que los vehículos modernos, "poco o nada tienen que ver con los vehículos más antiguos; pero son esos, los más antiguos, los que suponen una rémora en la seguridad vial, no un coche con cinco o incluso diez años".

El vicepresidente de Amarauto apunta que aunque "los avances en materia de consumo e impacto ambiental de los vehículos nuevos son notables con respecto a vehículos no tan viejos", critica que ésto "visto lo visto" sólo podrá ser aplicado a una parte de los fabricantes de vehículos "que cumplen con las directivas anticontaminación sin buscar el engaño o la trampa para seguir comercializando modelos que parezca que cumplen pero no lo hacen en realidad".

En este sentido, Villatoro estima que todo esto se produce porque "no nos engañemos, aquí lo importante es vender. Ni la seguridad, ni la contaminación, ni el consumo han sufrido tantos avances en los vehículos como los sistemas de confort, los cuales son cada vez más sofisticados".

El dirigente de Amarauto ejemplifica enumerando varias ‘mentiras’ con las que los fabricantes de vehículos crean necesidades y “dirigen” la voluntad de los conductores. “Veamos el caso de un usuario medio, que compra su primer coche nuevo. El fabricante le venderá la idea, con mayor o menor éxito, de que solo en el concesionario de la marca sabrán reparar su coche con las suficientes garantías de calidad y profesionalidad (primera mentira). Que por supuesto perdería la garantía si algún depravado de esos que abundan por ahí se le ocurriera tan siquiera abrir el capó de su perfecta maquina de precisión y diseño aeroespacial altamente sofisticado. Vaya usted a saber la que le puede liar (segunda mentira) un mecánico profesional que no se pliega a los dictados de un fabricante”.

De este modo, Villatoro continúa señalando que los usuarios aceptan pagar “un poquito más por una ampliación de la garantía hasta los, pongamos, cinco años. Porque así, cuando termine la garantía contratada habrá que comprar otro vehículo nuevo –ya habíamos concretado que cinco años es un periodo más que suficiente para la vida útil de un automóvil– con el que se pueda mantener secuestrado al cliente, al coche, al sector, a la familia y a toda la sociedad si se deja”, ironiza el vicepresidente de Amarauto quien concluye su idea en el mismo tono: “pero eso sí, tendremos un parque automovilístico nuevecito y reluciente como las primeras potencias económicas mundiales, no como en Estados Unidos, que como todo el mundo sabe, son unos desarrapados muertos de hambre, cuyo parque móvil es mucho más antiguo que el nuestro”.

En su artículo, Villatoro también critica que los fabricantes, después de haber conseguido la venta de sus vehículos, en muchos casos, se cierre la operación financiándola con la agencia de la concesión. “¿para eso no estaban los bancos?”, se pregunta.

El vicepresidente de Amarauto continúa su línea argumental afirmando que los usuarios acaban llevando sus vehículos a los servicios oficiales para realizar las revisiones “por miedo a perder una garantía que no perdería igualmente aunque las hiciera en un taller más barato”

De esta forma, los fabricantes mantienen ‘fidelizado’ a su cliente que invierte su dinero “en la manutención de un coche del que debe empezar a pensar en desprenderse para comprar un nuevo modelo que no le aportará nada, pero, eso sí, será nuevecito”.

“Y todo este sinsentido viene por la convicción de nuestros dirigentes de que hay que modernizar el parque automovilístico en aras de la seguridad, idea surgida de los mismos que se lucrarán de las consecuencias de introducir esos pensamientos en las personas adecuadas”, insiste Villatoro.

Para defender su idea, el dirigente de la asociación madrileña vuelve a poner otro ejemplo. “Si un vehículo debe pasar su primera ITV a los cuatro años, y debe ser considerado obsoleto a los cinco, ¿para qué pasarla?. Eliminemos la revisión y todos a cambiar de coche en cinco años, eso sí, en aras de la seguridad. ¿O es que cuando una ITV da el visto bueno a un vehículo con diez o quince años no está considerando todos los aspectos técnicos relativos tanto a la seguridad como a otros muchos aspectos? ¿Acaso mienten las inspecciones cuando certifican las aptitudes del vehículo para circular con seguridad por nuestras carreteras?”.

Villatoro, a continuación, da su respuesta: “No. No mienten al decir que un vehículo con quince años está capacitado para circular por unas carreteras cuyos límites de velocidad se fijaron hace cincuenta. No mienten al certificar que la frenada de un vehículo con quince años es efectiva para circular por unas vías con limitaciones en ocasiones ridículas. No mienten, en definitiva, cuando comprueban que un vehículo cumple con la normativa vigente en muchos aspectos y se les autoriza a seguir circulando, sabiendo que el principal culpable de un accidente es el factor humano, no el vehículo que ha pasado la revisión”.

El vicepresidente de Amarauto concluye su artículo exponiendo el objetivo de éste: “Tenga el público, el usuario y la sociedad una voz discordante, un incordio, un disidente, una voz que pueda sembrar la duda y el pensamiento crítico ante los mensajes con los que se nos bombardea, sin aceptar que por su origen, éstos tengan que ser ciertos o no obedezcan a otros intereses más que los mostrados por la corriente, no mayoritaria, pero si más influyente”.

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