Electromecánica | Punto y final al motor de aire comprimido

Su gran problema eran las voluminosas y pesadas baterías que necesitaba, según los expertos.

Su principal problema es la densidad de acumulación de energía. Su principal problema es la densidad de acumulación de energía.
Su principal problema es la densidad de acumulación de energía.

Hace una década, el motor de aire comprimido parecía que iba a convertirse en una buena alternativa ante la necesidad de nuevos vehículos más eficientes.

Algunas empresas, como Bosch o el grupo PSA, comenzaron a realizar importantes inversiones para investigación y desarrollo de este sistema. Incluso Citroën presentó su prototipo de C3 Hybrid.

De hecho, los resultados con este motor eran optimistas y consiguieron un sistema híbrido con un pequeño motor de gasolina y un compresor hidráulico. Gracias a él, alcanzaron unas emisiones que rozaban los 69 gramos de CO2 por kilómetro con un rendimiento del 95%.

Sin embargo, los investigadores necesitaban una importante inyección de dinero de, al menos, 500 millones de euros y pese a que General Motors y DongFeng parecieron interesados en un primer momento, finalmente no se llevó a cabo dicha inversión.

Los expertos indican que el principal problema que posee este sistema es el mismo que el de los motores eléctricos, la densidad de acumulación de energía, aunque, en este caso, en proporciones más elevadas.

Así, para acumular en un depósito de aire comprimido a 300 bar la misma cantidad de energía almacenada en una batería, este depósito tendría que ser 20 veces más grande que el acumulador eléctrico.

El almacenamiento de la energía necesaria sin solucionar, su velocidad reducida, una autonomía limitada y la muerte del ingeniero francés Guy Nègre, su único defensor, parece que han puesto el punto final a esta tecnología.

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